ENTRE LA EFECTIVIDAD Y EFICIENCIA EN PSICONALÍSIS
No hace mucho se ha empezado a hablar dentro del campo psicoanalítico de la efectividad del psicoanálisis; debido a la fuerte incidencia de las terapias llamadas breves.
La efectividad denota la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera, aunque también se define como real, verdadero, opuesto a quimérico. En ese sentido es entendido de forma similar a eficacia. La efectividad es un término que se encuentra más cerca de la cuantificación del logro de la meta.
Pues bien, siguiendo esta línea podemos tener dos reglas geométricas de 30 cm. cada una y podríamos asegurar que ambas son efectivas en su objetivo de medición. Y evidentemente, ambas miden, pero resulta que una de ellas tiene un leve error de 0.1 cm. en la medición. Pero ambas son efectivas, puesto que miden.
Vayamos a otro ejemplo, si tenemos una máquina para preparar café e introducimos en ella 1 kg de café y 1 litro de agua caliente y dejamos a la máquina hacer su trabajo por el lapso de tiempo requerido. Por ahora son tres las variables que estamos introduciendo en este ejemplo: la cantidad de agua, la cantidad de café y algo importante, el tiempo que precisa la máquina.
Pasada 1 hora, obtenemos 800 cc de café, es decir que tuvimos una pérdida de 200 cc por evaporación desagua en el proceso; además, al limpiar la máquina descubrimos que el kilo de café no fue aprovechado del todo, lo cual nos permite emplearlo nuevamente en el mismo proceso para mejorar la calidad del destilado, lo cual implicaría aumentar más agua; y así hasta agotar la posibilidad de extracción de más café de las semillas, que por último terminarán en la basura.
Supongamos que en una tienda de electrodomésticos, descubrimos una cafetera que realiza la misma operación en tan sólo media hora y cuya pérdida de agua es menor y el aprovechamiento del café mayor, tal que no es necesario reintroducir el café varias veces en la máquina, ahorrando, obviamente, agua y tiempo. Es muy probable que nos decidamos por comprar este modelo nuevo y dejar el antiguo olvidado u ofertado a la venta.
Tanto en el ejemplo de las reglas, como en el de la cafetera, la pregunta sería esta: ¿acaso no son ambos instrumentos efectivos? Ambas reglas miden y ambas cafeteras producen café. ¿Cuál es la diferencia, entonces, entre ambas? Introduzcamos, ahora, otro término: la eficiencia.
La eficiencia es la capacidad para lograr un fin empleando los mejores medios posibles. Definición casi idéntica a la de efectividad, con una salvedad, el medio que se emplea. Más que un término cuantitativo es uno cualitativo.
Si decidimos extraer jugo de tomate de 10 tomates, podemos arrojarlos contra la pared y efectivamente obtendremos jugo de tomate, pero si empleamos un equipo exprimidor, seguro que también obtenemos el tomate pero con mayor eficiencia.
Para continuar, repasemos un poco la concepción del término eficiencia en el mundo de la termodinámica, ya que es allí donde tiene el uso que nos interesaría entender. La termodinámica es la ciencia que estudia el aprovechamiento de la energía térmica (calor) en la producción de potencia.
La eficiencia térmica es la fracción de entrada de calor que se convierte en la salida de trabajo neto, es una medida de rendimiento de una maquina térmica (como nuestra cafetera). Las maquinas térmicas operando incluso en condiciones ideales deben liberar un poco de calor o un depósito de baja temperatura para completar el ciclo. Esto es, ninguna maquina térmica convierte todo el calor que recibe en trabajo útil. Esta limitación en la eficiencia de las máquinas térmicas forma la base del enunciado de Kelvin - Planck de la segunda ley de la termodinámica la cual expresa: es imposible para cualquier dispositivo que opera en un ciclo intercambiar calor de un solo depósito y producir una cantidad neta de trabajo. El enunciado de Kelvin - Planck también puede expresarse de la siguiente manera. Ninguna maquina térmica puede tener una eficiencia del 100%.
Un motor térmico de eficiencia perfecta realizaría un ciclo ideal en el que todo el calor se convertiría en trabajo mecánico. El científico francés Sadi Carnot, concibió un ciclo termodinámico que constituye el ciclo básico de todos los motores térmicos, demostró que no puede existir ese motor perfecto. Cualquier motor térmico pierde parte del calor suministrado. El segundo principio de la termodinámica impone un límite superior a la eficiencia de un motor, límite que siempre es menor del 100%. La eficiencia límite se alcanza en lo que se conoce como ciclo de Carnot.
Para el diseño de plantas industriales, motores de combustión interna, procesos químicos, etc. se tiene amplia consideración de estos enunciados y, de la eficiencia del proceso en sí. El término eficiencia (que se maneja en términos de porcentaje en la resolución de diseños industriales) advierte del límite del proceso o la maquinaria, signando que no todo el material con el que se trabaja se aprovecha en su totalidad, quedando siempre un resto perdido.
¿Es posible asimilar este resto, ya sea de materia o energía, en los procesos físicoquímicos y termodinámicos al concepto de real en psicoanálisis, como algo inasible, perdido?
Por ahora no veo ningún inconveniente en hacer una similitud en la concepción de un resto que se encuentra en el proceso, uno sabe de él, pero que a pesar de cualquier intento por aprehenderlo queda perdido. Eso sí, puede ser reutilizable tantas veces se desee, pero a sabiendas que siempre quedará algo que no agota su extinción y que evita el ciclo ideal perfecto, del 100%.
Todas las maquinarias creadas por el ser humano, conllevan un no-100% de funcionamiento y, es así, como nuestro mundo gira, sobre la base de un real. Dentro de las ciencias humanas, las matemáticas son las que se aproximan un poco más a lo real con el uso del número y la ecuación; aunque no escapan del todo a él. Es por eso que podemos vislumbrar, dentro del campo del cálculo ecuaciones de derivadas e integrales que llevan al final de las mismas la letra “c”, refiriéndose a una constante cualquiera que dé cuenta de un resto incalculable.
¿Cómo hacen los ingenieros para diseñar máquinas sabiendo que hay un resto incalculable? Simplemente, obvian el mismo. Los cálculos se realizan sin considerar todas las variables en juego o se asignan constantes o se emplean coeficientes de eficiencia, que complican el ejercicio de diseño sobremanera. Aún así, no es posible realizar un cálculo de diseño ideal que considere y determine Todo.
Nuestras máquinas, fruto de la tecnología son construcciones que no pueden escapar a este resto inasimilable, inevaluable, a este real. No es de extrañar, por eso, que tarde o temprano fallen. Y la tecnología científica apunta, de manera ilusoria, a diseñar la máquina ideal, que no falle nunca; es decir, intenta resolver lo real.
Pero regresemos, ahora, al ámbito psicoanalítico y al término de eficiencia. Volvamos, también a nuestro ejemplo de la cafetera no sin antes decir que el término efectividad también se contempla dentro de las ciencias económicas y es un término muy empleado, actualmente, en el mercado; ya que todo debe ser lo más efectivo posible, esto implica alcanzar los objetivos con rapidez, aunque no interese del todo la consideración de los medios que se usen (la eficiencia).
¿Es la terapia psicoanalítica eficiente? Sí, sabemos que es efectiva: resuelve síntomas y proporciona alivio subjetivo; pero esto también lo hacen las demás terapias. Y he aquí el punto medular de este trabajo. Las terapias ultra-rápidas, así como otros grupos sociales de apoyo como alcohólicos anónimos, consejerías, comunidades religiosas, etc. son efectivas: levantan síntomas, producen cierto bienestar, resuelven conflictos en los sujetos, etc. Pero no son eficientes.
Son cafeteras que nos dan mucho café destilado (resolución de síntomas) con poca agua (esfuerzo del sujeto) en menos tiempo pero que desperdician el café mismo (forcluyen al sujeto); el cual debe ser arrojado después de su primera utilización. Y este café precisa ser destilado más veces, en varios ciclos, dentro de la maquinaria misma para llegar a extraer lo que subyace en su esencia misma (el goce). Eso requiere tiempo y esfuerzo de la máquina (el sostenimiento del proceso analítico por el deseo del analista) para luego, saborear, no sin alegría, el café más exquisito y puro de todos (el fin de análisis).
La diferencia entre el psicoanálisis y las demás terapias ofertadas en el mercado, es que considera ese factor de resto inasimilable y se sirve de él. La eficiencia psicoanalítica marca la gran diferencia en su método y forma de intervención (lo que hace a la eficacia). Mientras que las TCC, terapias breves, etc. resuelven el síntoma (son efectivas) pero no saben nada del resto en el/del proceso y por eso el sujeto regresa poco tiempo con otra aflicción (la eficiencia es precaria).
Mi propuesta apunta a ubicar el psicoanálisis en términos de eficiencia y, por qué no, equipararlo con el concepto de deseo del analista y no tanto en términos de efectividad, vocablo que ahora es compañero entrañable del discurso del mercado, donde reina el fast-food, el easy-shop, y la brief-therapy.
No hace mucho se ha empezado a hablar dentro del campo psicoanalítico de la efectividad del psicoanálisis; debido a la fuerte incidencia de las terapias llamadas breves.
La efectividad denota la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera, aunque también se define como real, verdadero, opuesto a quimérico. En ese sentido es entendido de forma similar a eficacia. La efectividad es un término que se encuentra más cerca de la cuantificación del logro de la meta.
Pues bien, siguiendo esta línea podemos tener dos reglas geométricas de 30 cm. cada una y podríamos asegurar que ambas son efectivas en su objetivo de medición. Y evidentemente, ambas miden, pero resulta que una de ellas tiene un leve error de 0.1 cm. en la medición. Pero ambas son efectivas, puesto que miden.
Vayamos a otro ejemplo, si tenemos una máquina para preparar café e introducimos en ella 1 kg de café y 1 litro de agua caliente y dejamos a la máquina hacer su trabajo por el lapso de tiempo requerido. Por ahora son tres las variables que estamos introduciendo en este ejemplo: la cantidad de agua, la cantidad de café y algo importante, el tiempo que precisa la máquina.
Pasada 1 hora, obtenemos 800 cc de café, es decir que tuvimos una pérdida de 200 cc por evaporación desagua en el proceso; además, al limpiar la máquina descubrimos que el kilo de café no fue aprovechado del todo, lo cual nos permite emplearlo nuevamente en el mismo proceso para mejorar la calidad del destilado, lo cual implicaría aumentar más agua; y así hasta agotar la posibilidad de extracción de más café de las semillas, que por último terminarán en la basura.
Supongamos que en una tienda de electrodomésticos, descubrimos una cafetera que realiza la misma operación en tan sólo media hora y cuya pérdida de agua es menor y el aprovechamiento del café mayor, tal que no es necesario reintroducir el café varias veces en la máquina, ahorrando, obviamente, agua y tiempo. Es muy probable que nos decidamos por comprar este modelo nuevo y dejar el antiguo olvidado u ofertado a la venta.
Tanto en el ejemplo de las reglas, como en el de la cafetera, la pregunta sería esta: ¿acaso no son ambos instrumentos efectivos? Ambas reglas miden y ambas cafeteras producen café. ¿Cuál es la diferencia, entonces, entre ambas? Introduzcamos, ahora, otro término: la eficiencia.
La eficiencia es la capacidad para lograr un fin empleando los mejores medios posibles. Definición casi idéntica a la de efectividad, con una salvedad, el medio que se emplea. Más que un término cuantitativo es uno cualitativo.
Si decidimos extraer jugo de tomate de 10 tomates, podemos arrojarlos contra la pared y efectivamente obtendremos jugo de tomate, pero si empleamos un equipo exprimidor, seguro que también obtenemos el tomate pero con mayor eficiencia.
Para continuar, repasemos un poco la concepción del término eficiencia en el mundo de la termodinámica, ya que es allí donde tiene el uso que nos interesaría entender. La termodinámica es la ciencia que estudia el aprovechamiento de la energía térmica (calor) en la producción de potencia.
La eficiencia térmica es la fracción de entrada de calor que se convierte en la salida de trabajo neto, es una medida de rendimiento de una maquina térmica (como nuestra cafetera). Las maquinas térmicas operando incluso en condiciones ideales deben liberar un poco de calor o un depósito de baja temperatura para completar el ciclo. Esto es, ninguna maquina térmica convierte todo el calor que recibe en trabajo útil. Esta limitación en la eficiencia de las máquinas térmicas forma la base del enunciado de Kelvin - Planck de la segunda ley de la termodinámica la cual expresa: es imposible para cualquier dispositivo que opera en un ciclo intercambiar calor de un solo depósito y producir una cantidad neta de trabajo. El enunciado de Kelvin - Planck también puede expresarse de la siguiente manera. Ninguna maquina térmica puede tener una eficiencia del 100%.
Un motor térmico de eficiencia perfecta realizaría un ciclo ideal en el que todo el calor se convertiría en trabajo mecánico. El científico francés Sadi Carnot, concibió un ciclo termodinámico que constituye el ciclo básico de todos los motores térmicos, demostró que no puede existir ese motor perfecto. Cualquier motor térmico pierde parte del calor suministrado. El segundo principio de la termodinámica impone un límite superior a la eficiencia de un motor, límite que siempre es menor del 100%. La eficiencia límite se alcanza en lo que se conoce como ciclo de Carnot.
Para el diseño de plantas industriales, motores de combustión interna, procesos químicos, etc. se tiene amplia consideración de estos enunciados y, de la eficiencia del proceso en sí. El término eficiencia (que se maneja en términos de porcentaje en la resolución de diseños industriales) advierte del límite del proceso o la maquinaria, signando que no todo el material con el que se trabaja se aprovecha en su totalidad, quedando siempre un resto perdido.
¿Es posible asimilar este resto, ya sea de materia o energía, en los procesos físicoquímicos y termodinámicos al concepto de real en psicoanálisis, como algo inasible, perdido?
Por ahora no veo ningún inconveniente en hacer una similitud en la concepción de un resto que se encuentra en el proceso, uno sabe de él, pero que a pesar de cualquier intento por aprehenderlo queda perdido. Eso sí, puede ser reutilizable tantas veces se desee, pero a sabiendas que siempre quedará algo que no agota su extinción y que evita el ciclo ideal perfecto, del 100%.
Todas las maquinarias creadas por el ser humano, conllevan un no-100% de funcionamiento y, es así, como nuestro mundo gira, sobre la base de un real. Dentro de las ciencias humanas, las matemáticas son las que se aproximan un poco más a lo real con el uso del número y la ecuación; aunque no escapan del todo a él. Es por eso que podemos vislumbrar, dentro del campo del cálculo ecuaciones de derivadas e integrales que llevan al final de las mismas la letra “c”, refiriéndose a una constante cualquiera que dé cuenta de un resto incalculable.
¿Cómo hacen los ingenieros para diseñar máquinas sabiendo que hay un resto incalculable? Simplemente, obvian el mismo. Los cálculos se realizan sin considerar todas las variables en juego o se asignan constantes o se emplean coeficientes de eficiencia, que complican el ejercicio de diseño sobremanera. Aún así, no es posible realizar un cálculo de diseño ideal que considere y determine Todo.
Nuestras máquinas, fruto de la tecnología son construcciones que no pueden escapar a este resto inasimilable, inevaluable, a este real. No es de extrañar, por eso, que tarde o temprano fallen. Y la tecnología científica apunta, de manera ilusoria, a diseñar la máquina ideal, que no falle nunca; es decir, intenta resolver lo real.
Pero regresemos, ahora, al ámbito psicoanalítico y al término de eficiencia. Volvamos, también a nuestro ejemplo de la cafetera no sin antes decir que el término efectividad también se contempla dentro de las ciencias económicas y es un término muy empleado, actualmente, en el mercado; ya que todo debe ser lo más efectivo posible, esto implica alcanzar los objetivos con rapidez, aunque no interese del todo la consideración de los medios que se usen (la eficiencia).
¿Es la terapia psicoanalítica eficiente? Sí, sabemos que es efectiva: resuelve síntomas y proporciona alivio subjetivo; pero esto también lo hacen las demás terapias. Y he aquí el punto medular de este trabajo. Las terapias ultra-rápidas, así como otros grupos sociales de apoyo como alcohólicos anónimos, consejerías, comunidades religiosas, etc. son efectivas: levantan síntomas, producen cierto bienestar, resuelven conflictos en los sujetos, etc. Pero no son eficientes.
Son cafeteras que nos dan mucho café destilado (resolución de síntomas) con poca agua (esfuerzo del sujeto) en menos tiempo pero que desperdician el café mismo (forcluyen al sujeto); el cual debe ser arrojado después de su primera utilización. Y este café precisa ser destilado más veces, en varios ciclos, dentro de la maquinaria misma para llegar a extraer lo que subyace en su esencia misma (el goce). Eso requiere tiempo y esfuerzo de la máquina (el sostenimiento del proceso analítico por el deseo del analista) para luego, saborear, no sin alegría, el café más exquisito y puro de todos (el fin de análisis).
La diferencia entre el psicoanálisis y las demás terapias ofertadas en el mercado, es que considera ese factor de resto inasimilable y se sirve de él. La eficiencia psicoanalítica marca la gran diferencia en su método y forma de intervención (lo que hace a la eficacia). Mientras que las TCC, terapias breves, etc. resuelven el síntoma (son efectivas) pero no saben nada del resto en el/del proceso y por eso el sujeto regresa poco tiempo con otra aflicción (la eficiencia es precaria).
Mi propuesta apunta a ubicar el psicoanálisis en términos de eficiencia y, por qué no, equipararlo con el concepto de deseo del analista y no tanto en términos de efectividad, vocablo que ahora es compañero entrañable del discurso del mercado, donde reina el fast-food, el easy-shop, y la brief-therapy.
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